Cada vez estoy más enamorado de los libros infantiles, aunque no creo que este sea del todo un libro infantil. Es más un libro que un adulto podría leer a un niño. Me pareció por mucho, más ligero y corto de lo que pensé que sería al ser un libro clásico.
La cueva se extendía como un túnel, pero de pronto vira asaba hacia abajo, de un modo tan imprevisto que Alicia no siquiera tuvo tiempo para pensar en sostenerse de algo que ya estaba cayendo en lo que parecía ser un pozo muy, muy profundo.
Hablando de Adultos, la constante la contradicción a la que se ve expuesta Alicia por cada criatura del país de las maravillas me hace recordar un poco el ser niño y ser constantemente corregido por los adultos.
—No sé nada —dijo la Oruga. Alicia no contestó. Nunca en toda su vida le habían llevado tanto la contraria, y sintió que se le estaba acabando la paciencia.
Algo que me gustó mucho es que Alicia siempre pensó en su aventura como un sueño y es que así también nos los pinta el autor. Para mí, esta es una metáfora de la niñez, que si te lo piensas tiene sentido ver la niñez como un sueño lleno de fantasías dónde un montón de criaturas siempre te contradicen y que al final no recuerdas del todo.
—¡Despierta ya, Alicia! —le dijo su hermana—. ¡Cuánto rato has dormido!—¡Oh, he tenido un sueño tan extraño! —dijo Alicia.
Pero, si no soy la misma, la siguiente pregunta es ¿quién demonios soy? ¡Ah, este es el gran enigma!
En síntesis es un libro muy hermoso, lleno de fantasía y mensajes ocultos que hablan de la niñez y la imaginación. Es una historia graciosa y algo confusa que si algún día vuelvo a leer, espero me deje más lecciones.
—¡Calla, calla, criatura! —dijo la Duquesa—. Todo tiene una moraleja, sólo falta saber encontrarla.




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